martes, 7 de octubre de 2008

Italo Calvino

Italo Calvino nació en Santiago de las Vegas, cerca de La Habana (Cuba), el 15 de octubre de 1923, de padres italianos. Su padre Mario, agrónomo, dirigía una estación experimental de agronomía. Su madre, Evelina Mameli, de origen sardo, se había licenciado en ciencias naturales. En 1925 la familia se trasladó a Italia. Durante su infancia recibió una educación laica y antifascista, de acuerdo con la actitud de sus padres que se consideraban a sí mismos librepensadores. Estudió en la escuela media superior Cassinis de Sanremo. Tras interrumpir sus estudios universitarios al empezar la Segunda Guerra Mundial, en 1943 fue llamado al servicio militar por la República Social Italiana. Calvino desertó y se unió a la Brigadas Partisanas Garibaldi junto con su hermano, mientras sus padres quedaban como rehenes de los alemanes. Participó en la guerra con los partisanos y sus vivencias quedaron plasmadas en una de las obras maestras de la narrativa de la resistencia: El sendero de los nidos de araña (1947). Tras este comienzo literario de tendencia realista, experimentó una transformación que lo llevó a componer en 1958 una serie de relatos en la que combinaba en sus narraciones un carácter simbólico y fantástico y una singular ironía. Una vez acabada la guerra se mudó a Turín, donde colaboró en unos cuantos periódicos y revistas y se graduó en literatura con una tesis sobre Joseph Conrad. Fue durante este período de su vida que entró en contacto con Cesare Pavese, quien hizo que fuese contratado por la editorial Einaudi, donde ya trabajaba Elio Vittorini. Sucesivamente, colaboró con varios diarios y revistas, se licenció en literatura y trabajó también como asesor editorial; además, efectuó varias estancias en Francia. Más adelante utilizó técnicas alegóricas en novelas como El vizconde demediado (1952) o El caballero inexistente (1959). En trabajos posteriores, como Las cosmicómicas (1965), Tiempo cero ( 1966), Si una noche de invierno un viajero (1979) y Mr. Palomar (1983), mezcló fantasía, curiosidad científica y especulación metafísica. Políticamente comprometido con el Partido Comunista Italiano (PCI), se alejó del mismo tras los sucesos de Hungría; al inmovilismo del PCI ante dichos eventos, dedica el feroz apólogo de La gran bonanza de las Antillas, publicado en 1957 en "Città aperta". Entre sus numerosas obras narrativas también cabe señalar El barón rampante (1957), El caballero inexistente (1959), La jornada de un escrutador (1963), Las ciudades invisibles (1972), El castillo de los destinos cruzados (1973), Si una noche de invierno un viajero (1979). En 1956, publicó una selección de Cuentos populares italianos, una recopilación de fábulas populares en los diferentes dialectos regionales; también es el autor de un famoso libro para niños, Marcovaldo o sea las estaciones en la ciudad (1963). En 1964 hizo un viaje a Cuba que le permitió visitar la casa donde había vivido con sus padres y realizar diversos encuentros, uno de los cuales fue con Ernesto Che Guevara. El 19 de febrero, en La Habana, se casaba con la argentina Esther Judit Singer, Chichita. Juntos se fueron a vivir a Roma, donde un año después nacerá su hija Giovanna. En 1967 se trasladó a París, incrementó su interés por las ciencias naturales y la sociología y entró en contacto com el Oulipo, "Ouvroir de Littérature Potentielle" (Taller de Literatura Potencial). A partir de 1974 colaboró durante cinco años en el "Corriere della Sera" con narraciones, apuntes de viaje e intervenciones sobre la realidad política y social del país; desde 1979 continó dicha actividad en las columnas de "Repubblica" hasta su muerte. En 1980 volvió a Roma junto con su familia. En 1983 publicó Palomar, en el cual la anécdota se reduce al máximo, en favor de las reflexiones metafísicas y las descripciones. En Una pietra sopra (1980), recopiló numerosas intervenciones sobre el debate literario de la época; en Colección de arena (1984), Calvino reunió varios textos en prosa escritos en ocasiones particulares. Padeció un ataque de ictus cerebral en 1985, en Castiglione della Pescaia donde pasaba las vacaciones. Estaba trabajando en una serie de conferencias que tenía que dar en la Universidad de Harvard (y que serían publicadas póstumamente con el título de Lezioni americane: sei proposte per il prossimo millennio). Falleció el 19 de septiembre de 1985 mientras estaba ingresado en el hospital de Siena.



El barón rampante

En resumen, le había entrado esa manía de quien cuenta historias y nunca sabe si son más hermosas las que ocurrieron de verdad, y que al evocarlas traen un mar de horas pasadas, de sentimientos menudos, tedios, felicidades, incertidumbres, vanaglorias, naúseas de uno mismo, o bien las que se inventan, en las que se corta por lo sano y todo parece fácil, pero después cuanto más se disparata más advierte uno que vuelve a hablar de las cosas que le han ocurrido y que ha comprendido en realidad viviendo.

-…¿Y me amarás siempre, absolutamente, por encima de todo, y harás cualquier cosa por mí?Ante esta salida, Cosimo, pasmado, dijo:

-Sí…


-Eres un hombre que ha vivido en los árboles sólo por mí, para aprender a amarme…


-Sí…, sí…


-Bésame.

Se conocieron. Él la conoció a ella y a sí mismo, porque en realidad nunca se había conocido. Y ella lo conoció a él y a sí misma, porque aún habiéndose conocido siempre, jamás se había podido reconocer así.

-¿Por qué me haces sufrir?


-Porque te amo.Entonces era él quien se enfadaba:


-¡No, no me amas! Quien ama quiere la felicidad, no el dolor.


-Quién ama quiere sólo el amor, aún a costa del dolor.


-Me haces sufrir adrede, entonces.


-Sí, para ver si me amas.


La filosofía del Barón se negaba a seguir por ese camino.


-El dolor es un estado negativo del alma.


-El amor lo es todo.


-Contra el dolor ha de lucharse siempre.


-El amor no se niega a nada.


-Hay cosas que nunca admitiré.


-Sí que las admites, porque me amas y sufres.
-Estoy cansada.-


¿De esos?


-De todos vosotros.


-¡Ah!-


Ellos me han dado las mayores pruebas de amor…Cosimo escupió.-…Pero no me bastan.


Cosimo clavó los ojos en ella.Y ella:


-Tú no crees que el amor sea entrega absoluta, renuncia a uno mismo…


Estaba allí en el prado, más bella que nunca, y la frialdad que endurecía apenas sus rasgos y el altivo porte de su figura habría bastado con muy poco para disolverlos y volverla a tener entre los brazos… Podía decir algo, Cosimo, cualquier cosa para ir hacia ella, podía decirle: “Dime lo que quieres que haga, estoy dispuesto…”, y habría sido de nuevo la felicidad para él, la felicidad juntos, sin sombras.


Pero dijo:-


No puede haber amor si uno no es uno mismo con todas sus fuerzas.


Viola tuvo un gesto de contrariedad que era también un gesto de cansancio. Y sin embargo aún habría podido comprenderlo, como en realidad lo comprendía, más aún, tenía en la punta de la lengua las palabras para decirle:


“Tú eres como yo te quiero…” y subir de inmediato con él…


Se mordió un labio.


Dijo:


-Pues entonces sé tú mismo solo.“Pero entonces ser yo mismo ya no tiene sentido”, eso es lo que quería decir Cosimo. Y en cambio dijo:-Si prefieres a esos dos gusanos.


-¡No te permito despreciar a mis amigos!


-gritó ella, y no obstante pensaba: “A mí me importas sólo tú, y solo por ti hago todo lo que hago”.-Sólo yo puedo ser despreciado…


-¡Tu modo de pensar!


-Soy una sola cosa con él.


-Entonces adiós. Parto esta misma noche. No me volverás a ver.

No hay comentarios: